Descubrimiento
Yo he sido ciego:
tal es mi alegría
delante de las múltiples
presencias de la vida.
¡Qué campos me hizo Dios!
¡Qué pueblecitos en el campo!
¡Qué anímulas errátiles
y líricas navegan
por el mar invisible
del aire, sede suya.
Ciego, ciego … Y ahora,
con profunda codicia,
quiero beber colores
y formas y perfiles
sin perder un matiz
por sellado que sea.
Aquel chopo que hunde
su pie verde en la umbría
y su copa en el oro
invisible del aire …
Aquel arbusto gris,
declinante a morado,
y aquella iglesia tenue,
rosa y plomo, en la cuerda
tensa del horizonte …
¿En qué maestro fío
si me dice que hay
delante de mis ojos
siete colores blancos,
siete colores grises?
Mi fe no se conforma
con palabras. Mi fe
se confía en la mano
de la vista espaciosa.
Con ella, en las jornadas
mates del dulce otoño,
toco el misterio gris
de las cosas veladas.
Con ella, en los radiantes
albores del estío,
sobredibujo el neto
perfil de los paisajes.
“¡Maravillosa vista!”,
claman los caminantes
en el descote limpio
de una teta serrana.
—¿Maravillosa vista?
¡Ojos maravillosos!
¡Ojos maravillados,
que asistís al concierto
sigiloso del mundo,
mil veces más etéreo
y sutil que la música!
tal es mi alegría
delante de las múltiples
presencias de la vida.
¡Qué campos me hizo Dios!
¡Qué pueblecitos en el campo!
¡Qué anímulas errátiles
y líricas navegan
por el mar invisible
del aire, sede suya.
Ciego, ciego … Y ahora,
con profunda codicia,
quiero beber colores
y formas y perfiles
sin perder un matiz
por sellado que sea.
Aquel chopo que hunde
su pie verde en la umbría
y su copa en el oro
invisible del aire …
Aquel arbusto gris,
declinante a morado,
y aquella iglesia tenue,
rosa y plomo, en la cuerda
tensa del horizonte …
¿En qué maestro fío
si me dice que hay
delante de mis ojos
siete colores blancos,
siete colores grises?
Mi fe no se conforma
con palabras. Mi fe
se confía en la mano
de la vista espaciosa.
Con ella, en las jornadas
mates del dulce otoño,
toco el misterio gris
de las cosas veladas.
Con ella, en los radiantes
albores del estío,
sobredibujo el neto
perfil de los paisajes.
“¡Maravillosa vista!”,
claman los caminantes
en el descote limpio
de una teta serrana.
—¿Maravillosa vista?
¡Ojos maravillosos!
¡Ojos maravillados,
que asistís al concierto
sigiloso del mundo,
mil veces más etéreo
y sutil que la música!
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